José Román Ruiz: del diagnóstico irreversible al sueño de conquistar el podio paralímpico
- COPAME

- 26 ago
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El neolonés, encontró en el deporte paralímpico la motivación para transformar un diagnostico médico en una carrera internacional. Tras el dolor de quedar a un paso del podio en Tokio y París, su mirada ya está puesta en Los Ángeles 2028.

José Román Ruiz Castro, de 36 años, nacido en Culiacán, Sinaloa, es la prueba de que la voluntad puede cambiar cualquier destino y que los sueños si se cumplen. Es el segundo de cuatro hermanos y creció como un niño apasionado por los deportes. Sus padres le cuentan que desde los cinco años ya subía a patinetas, y poco después encontró en el básquetbol una pasión que lo acompañó durante seis años. “Siempre fui fanático de los deportes con balón, me gustaba competir, moverme, retarme”, recuerda en entrevista para el Comité Paralímpico Mexicano.
Pero en 2012 su vida dio un giro inesperado, mientras estudiaba la carrera de ingeniería en Monterrey, le detectaron un neurinoma acústico, un tumor cerebral que lo obligó a someterse a una operación. El diagnóstico fue devastador: un daño cerebral irreversible y un pronóstico que le cerraba todas las puertas. “Los médicos me dijeron que no volvería a caminar, estudiar, menos lograría hacer ejercicio. Pero por dentro pensé: yo soy una flecha, me voy a realizar y voy a volver a ser como antes” declaró Román.
El camino de rehabilitación fue largo y doloroso, pero sin duda su familia fue clave, durante los primeros cuatro años no lo soltaron ni un día, lo acompañaron a terapias y rehabilitación para que recuperara poco a poco su movilidad. “Sin mi familia me hubiera quedado en Culiacán con una rehabilitación lenta. Ellos fueron mi fuerza”, admite. Gracias a ese apoyo, aprendió nuevamente a caminar con equilibrio, a ganar fuerza y a recuperar la independencia.
Sus inicios en el deporte adaptado es peculiar, ya que nació como una idea de un Uber con el que compartió trayecto de la escuela a su casa: “Un taxista me preguntó si practicaba algún deporte, le dije que sí, y él me habló del deporte paralímpico. Yo pensaba que solo era para quienes usaban silla de ruedas, pero ahí entendí que había un lugar para mí”.

Tras informarse de los requisitos para practicar deporte paralímpico, se decidió por el Impulso de bala, un reto enorme considerando que su cuerpo seguía en proceso de recuperación. La coordinación y el peso de la bala lo pusieron al límite, pero con disciplina logró superarse. El apoyo de sus entrenadores lo marcaron profundamente: “Entrenar con ellos fue diferente, me guiaron y me compartieron lo que sabían y supe tomar esa oportunidad, estaba listo, motivado, quería ser alguien en la vida. Cuando supe del deporte paralímpico, le encontré sentido a todo”.

Una vez que inició en este camino, su carrera despegó. En 2019 obtuvo su primera medalla internacional, un bronce en los Juegos Parapanamericanos que se celebraron Lima, Perú. Un año después calificó a los Juegos Paralímpicos Tokyo 2020, donde terminó en cuarto lugar, a un paso del podio. La pandemia lo obligó a competir sin su entrenador, y los nervios influyeron en el resultado. Tras esto, en 2023 volvió a rozar el podio con otro cuarto lugar en el Mundial, y en París 2024 vivió quizá el golpe más doloroso de su carrera. Había trabajado para ganar una medalla, pero no logró el resultado esperado: “Me dolió más que Tokio, pero me enseñó algo importante: no debo conformarme con buscar el bronce. Ahora mi mentalidad es clara: voy por el oro, y esa es la motivación que me mueve cada día”.
La disciplina que forjó en el deporte también lo llevó a la universidad. Tras pausar su carrera de ingeniería por el tumor, decidió retomarla y aprendió a equilibrar la escuela con los entrenamientos. Tras largas jornadas, la escuela se convirtió en el espacio donde podía estudiar y entrenar. “Ahí me di cuenta de que era capaz de mezclar mis dos pasiones”.
Más allá de los resultados, su visión personal también lo distingue. No le gusta el término “discapacidad”. Para él, las etiquetas limitan lo que las personas pueden lograr. “La palabra discapacidad es negar la capacidad o la fuerza que tenemos para realizar una actividad. Yo lo definiría como personas con extra capacidad, porque somos buenos en muchas otras áreas”.

José Román tiene la mirada puesta en Los Ángeles 2028, sus terceros Juegos Paralímpicos y además de su carrera deportiva, busca prepararse académicamente y convertirse en una inspiración cercana para quienes atraviesan situaciones similares. “No quiero que mis pláticas se queden solo en palabras, quiero que la gente sepa que tiene un amigo que está ahí para apoyarlos”. La vida lo puso frente a un diagnóstico que parecía final, pero él eligió convertirlo en un punto de partida.
Hoy, José Román Ruiz no solo impulsa la bala con fuerza, también lanza un mensaje claro de superación, resiliencia y mentalidad ganadora.













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