Julián Neri: entre ruedas y sueños, el inicio del deporte paralímpico
- Valeria Baena Flores
- 5 sept
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Actualizado: 5 sept
Julián Alberto Neri Guzmán, atleta paralímpico retirado de 73 años, originario de Guadalajara, recuerda con detalle cada uno de los momentos que marcaron su vida, ya que no solo se involucró en el deporte como para atleta sino como uno de los pioneros del deporte paralímpico.

De pequeño padeció poliomielitis, tras esto, tuvo secuelas que afectaron el movimiento en ambas extremidades inferiores y tuvo que utilizar una silla de ruedas para poder continuar con sus actividades. Pese a esto, nunca se sintió excluido ni detenido por su discapacidad y esto gracias al apoyo de su familia. “Crecí como un niño completamente integrado a la sociedad, nunca sentí rechazo” declaró Julián.
Estudió en la Escuela Central Pedagógica Infantil, en donde se atendía a niños con secuelas de polio así que no se sentía diferencia entre los compañeros, aquí no solo recibió educación, sino también talleres y deportes, lo que lo llevó a acercarse a su pasión.
La historia del paralimpismo en México no puede contarse sin su nombre, si bien ya había antecedentes de intentos individuales por participar en diversas disciplinas, fue junto a Pedro Orozco y José Díaz Fuentes que el deporte sobre silla de ruedas comenzó a organizarse. Todo comenzó cuando Julián fue invitado por estos personajes a entrenar a sus 20 años en la Escuela Nacional de Educación Física con el profesor Larenas.

En aquellos días, los atletas paralímpicos no se especializaban en un solo deporte, Neri participó en pista: 100 metros, 400 metros y relevos; en campo: disco, jabalina y tiro con arco, y más adelante, encontró en el baloncesto su amor por esta disciplina. Jugó en México, Estados Unidos, Suecia, Estocolmo y Brasil. Representó al país en Juegos Nacionales, Parapanamericanos y del Valle de México.
Para él, una buena silla es el 70% del rendimiento de un jugador y lo dice desde la experiencia de haber batallado con equipos limitados en el extranjero, donde ganarse un lugar como titular no fue sencillo. “Parece que no, pero la silla influye muchísimo” y recuerda cómo gracias a la gestión de Mario Vázquez Raña, pudieron entrenar en instalaciones de la CONADE y acceder a sillas adecuadas antes de los Nacionales. “Todo se juega en equipo, todos tienen un rol y es importante entender que todo junto hace la diferencia”, afirma.
Fue capitán de la selección mexicana de Baloncesto en silla de ruedas y gracias a que fusionó su formación como ingeniero en comunicaciones y electrónica y el deporte, fue que participó en múltiples competencias como en la Universidad de Kentucky en Estados Unidos. Lo que más adelante lo llevó a ser el primer presidente de la Federación de Deporte sobre Silla de Ruedas y el primero con discapacidad. “Aprendí a ganar, a perder, y que en el básquet hay que entregarse al 100%. Aunque se pierda, no se puede dejar” declaró Julián como uno de sus mayores aprendizajes.

Dejó la competencia formal tras su paso por Kentucky, desde entonces, se dedica a jugar por gusto, por salud y por amor al deporte. “Siempre falta algo por hacer”, reflexiona. Pero lo que más valora no es la competencia, sino lo que el deporte le enseñó: la resiliencia, la toma de decisiones rápidas y la entrega total.
Actualmente solo se enfoca en seguir en movimiento por salud y tiene proyectos personales para mejorar su movilidad. Aunque el alto rendimiento haya quedado atrás, el espíritu sigue intacto y su amor por el deporte también: “Si pudiera hacer algo por el deporte, me gustaría impulsar que la gente entienda que este no tiene un valor en dinero pero tiene tanto que no se puede resumir” declaró recordando todo lo que vivió dentro y fuera de la cancha.













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